A continuación las malas amistades reproducimos una entrada en el diario de abordo del capitán Galindo, quien, con una tripulación de 25, abandonó a la Bogotá con mar en el velero Sed de Champán (las entradas anteriores del diario pueden verse acá)
Los loros son increíbles. Ya murieron dos, pero los otros tres son la cosa más maravillosa que haya visto jamás. Todos en el Sed de Champán andamos encantados con estas criaturitas. Son inteligentes y leales y cascarrabias y se paran en cubierta mirándolo todo con una seriedad aterradora, como si quisieran irse al infinito y percharse sobre la línea del horizonte.
Les damos maní de comer y pedazos de pescado. También pollo y huevos revueltos. Algunos hombres dicen que los estamos malcriando, que es pecado, que es puro canibalismo alado lo que estamos haciendo con los huevos revueltos. Yo les digo que se callen. Que son huevos de gallina y que es igual que nosotros andar comiendo cerdo, que los cerdos son casi humanos. Y los cerdos, en este barco, son materia de adoración y salivación y los tipos estos que critican, enfrentados a la idea de que comer cerdo pueda ser cosa mala, se callan y dejan que les demos más huevo a los loritos.
Puede ser canibalismo, pero les encanta. Y sobre si es pecado, no creo que los animales puedan pecar.
Creo que uno de los loros tiene un afecto especial por mí. A algunos de los hombres eso les molesta. Quisieran que el afecto fuera todo democrático. Pero ¿qué? La democracia sólo existe imaginariamente. En realidad todos somos diferentes. Eso lo sabe hasta el lorito que tanto me quiere (y al que le puse Ramón).
