diario del champán (2): La muerte de Arteta

A continuación las malas amistades reproducimos una entrada en el diario de abordo del capitán Galindo, quien, con una tripulación de 25, abandonó a la Bogotá con mar en el velero Sed de Champán (la primera entrada del diario está acá).


Día 5

Los hombres están desconsolados tras la muerte de Gonzalo Arteta. Arteta se enfermó apenas soltamos amarras y no hacía más que vomitar por la borda. Cada vez que yo salía de la cabina para ver en qué andaba las cosas, a coordinar el buen funcionamiento del velero y a mantener alta la moral de los hombres, veía a este Arteta recostado, con la cara blanca como una bandera de la paz, mirando las estelas producidas por el casco del Sed de Champán alejándose hacia el mar infinito y respirando rápidamente.

Un par de veces fui a dónde él y le pateé las costillas a ver si reaccionaba, pero sin efecto alguno. Apenas volteó a mirar al cielo con la misma mirada vacante. Era como si fuera el cielo mismo, que en ese momento estaba clarísimo y azul, sin una nube, le hubiera dado la patada y él apenas tuviera energía para reaccionar lanzando miradas lastimeras. Me preocupaba su salud, claro. Pero me preocupaba más todavía que los demás hombres siguieran su ejemplo y se tiraran con él ahí, a vomitar sin parar y mirar cielo y mar pasando por encima y por debajo del barco, sin trabajar ni hacer mayor cosa.

A Arteta le hacían falta ganas de vivir. Según quienes lo conocían en Bogotá trabajó en la bolsa de valores antes de la gran catástrofe. Cuando el mar subió no hubo necesidad de bolsas de valores ni de Arteta ni de muchos más. Sospecho que eso le destrozó el alma, el corazón y el intelecto. Desde antes de partir el tipo me pareció sospechoso. Caminaba sin caminar. Era algo así como falta de ganas, aunque más radical. Era como si le hubieran abierto el alma, le hubieran vaciado por completo la parte en dónde van las ganas y luego hubieran rellenado ese espacio vacío con aserrín. Y luego lo hubieran cerrado y mandado a caminar por el mundo. Así llegó a mis manos y así se fue.

Igual, los hombres están muy apesadumbrados. Es raro como en situaciones asi se crean lazos entre personas que básicamente no tienen nada en común. No sé qué hacer con su cadáver. Puedo echarlo al mar o dárselo de comer a las gallinas. Creo que los hombres resentirían lo segundo. Pero el ahorro en concentrado (todavía tenemos bastante, pero no tengo la menor idea de cuándo conseguiremos más) puede compensar un par de horas de resentimiento y furia. No sé, hasta ahora no he tomado ninguna decisión.



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[...] tá con mar en el velero Sed de Champán (la entrada anterior del diario está acá). Día 6 Al final dejé que Arteta se fuera con el mar. Lo de las gallinas me pareci [...]



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