diario del champán (3): plumas y humo

A continuación las malas amistades reproducimos una entrada en el diario de abordo del capitán Galindo, quien, con una tripulación de 25, abandonó a la Bogotá con mar en el velero Sed de Champán (la entrada anterior del diario está acá).


Día 6

Al final dejé que Arteta se fuera con el mar. Lo de las gallinas me pareció de mal gusto. De hecho me dio vergüenza haberlo pensado. Hay poquitas cosas sagradas en la vida y morirse es una de ellas. Vivir es la otra. Y ya.

Lo atamos con una sábana blanca, lo pusimos en el agua y lo dejamos ir. El viento no soplaba mucho y aunque las velas estaban echadas, avanzábamos muy lentamente. Lo veíamos ahí, como una mancha blanca en medio del mar. Y un pájaro gigante se le paró encima. Desde el barco veíamos que la sábana ya estaba empapada. Y encima de él, los pies amarillos del ave, daban saltitos, trataban de acomodarse sin poder hacerlo del todo porque Arteta flotaba inestablemente. Algunos de los hombres se sintieron conmovidos por la imagen, como si la gaviota fuera su alma o algo así. Pero la naturaleza no es tan benévola. La gaviota comenzó a picotearle la cabeza.

Los hombres salieron de su romanticismo y comenzaron a gritarle al ave que los volteaba a mirar irritada, impaciente. Yo les dije que si este avichucho se lo iba a comer podríamos habérselo dado a las gallinas, que igual daba lo mismo. Pero no me estaban escuchando. Les dije que al menos conocíamos a nuestras gallinas y eventualmente vengaríamos el sacrilegio de Arteta comiéndonolas, pero, de nuevo, nadie me escuchaba. Todos estaban al pie de la borda gritándole a la gaviota que los miraba con ojos amarillos y fríos. Pura impasividad.

Y, habiéndole quitado la sábana, comenzó a picotearle la cara. Ya nos habíamos alejado lo suficiente como para no poder ver exactamente qué picoteaba, pero sí se la veía subir y bajar el cuello coronado por el pico amarillo. Alguien fue a su camarote y sacó una pistola lanza-señales. Gritó de nuevo y le disparó. Vimos la hilera de humo, lenta y torpe, salir del barco. El pájaro estaba tan distraído picoteando que no vio la bengala venir y vimos una explosión de luces y de plumas y después humo y calma y el mar gris.

Arteta estaba bocabajo. El viento que habíamos estado esperando, del sur, finalmente llegó y nos alejamos por fin de su cuerpo. Eso pasó hace más de medio día y todavía siento un nudo en la garganta. Qué vida esta.



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